Uso de smartphones en el trabajo

Uso de smartphones en el trabajo

El teléfono celular puede ser una potente herramienta de trabajo que aporta a la productividad de una empresa. La decisión de transformar el celular en aliado o dejarlo fuera del ámbito laboral, depende exclusivamente de los líderes de la organización.

Según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas, a diciembre de 2018 existían en nuestro país 27.978.240 números de telefonía móvil, aproximadamente un millón más que en diciembre de 2017, por lo que es esperable que para diciembre de este año la cifra aumente, al menos, en un millón más.

Complementario a lo anterior, un estudio presentado en 2018 por Google Consumer Barometer, En Chile, al menos el 82% de las personas han utilizado su teléfono personal para navegar por Internet y este dispositivo se ha convertido en el preferido para acceder a internet frente a otros medios, como los computadores de escritorio, los notebooks y las tablets.

¿Qué se deduce de estas cifras? Que es altamente probable que una persona en edad de trabajar cuente con uno de estos dispositivos, que seguramente tendrá conexión a internet y que ya haya aprovechado las múltiples opciones que pone a disposición de sus usuarios: postear estados en Facebook, enviar memes por Whatsapp, sacarse selfies y colgarlas en Instagram, publicar reflexiones en Twitter, pedir alimentos, hacer la lista del supermercado, realizar trámites bancarios, solicitar un taxi, comprar entradas para el cine, buscar pareja, ver una serie y un larguísimo etcétera.

Si consideramos todas las opciones descritas anteriormente, el teléfono celular puede fácilmente convertirse en una tentadora “ventana” hacia la vida social del empleado durante la jornada laboral, afectando su concentración en las tareas asignadas, con la consecuente disminución de su productividad.

Por cierto, no hay que perder de vista esa realidad: el teléfono celular puede ser una fuente de desconcentración importante. Para evitar que eso ocurra, las empresas pueden normar (nunca prohibir), generando políticas de buenas prácticas en su uso. Porque también es importante tener presente que el teléfono también es un puente con su vida personal y que, cortarlo, también puede redundar en su desempeño.

Todo avance tecnológico tiene muchos pros y también muchos contras; y la clave para sacarle el mejor provecho es enfocarnos más en los primeros, sin perder de vista los segundos. En este sentido, es importante estar conscientes de la capacidad distractora de un teléfono móvil en el trabajo, pero es fundamental tener la visión detectar las oportunidades de productividad que un trabajador puede tener, literalmente, en la palma de su mano.

Si tenemos en consideración que las funcionalidades básicas de cualquier smartphone (teléfono, e-mail, mensajería instantánea, etc), ya podemos contar con herramientas de conectividad entre la empresa y un trabajador que quizás, hace algunos años, eran impensadas.

Por ejemplo, cuando se masificó el uso de teléfonos inteligentes y Whatsapp se estableció en una plataforma de comunicación de uso común, intuitivamente también se transformó en una herramienta colaborativa de trabajo. Bastante básica quizás, pero también muy útil. Los distintos equipos de trabajo creaban grupos en Whatsapp donde coordinaban reuniones, compartían fotos de actividades, enviaban mensajes motivacionales; incluso, poniendo en contacto a colaboradores de distintas sucursales o en distintas ciudades, todo eso aprovechando el don de la instantaneidad. Entonces, el teléfono móvil ¿es una distracción o puede ser una herramienta productiva? Nos inclinamos más por la segunda.

Otro ejemplo claro es el uso de las herramientas de georreferenciación que tienen los dispositivos móviles en los que se sustentan a distintos negocios logísticos, evitando invertir demasiado dinero en infraestructura. Y así, muchas experiencias de aplicaciones desarrolladas de forma customizada, que son soportadas en el teléfono móvil del colaborador.

En el ámbito de las herramientas digitales de gestión de recursos humanos también existen experiencias que refrendan el impacto en la productividad que puede involucrar a un teléfono móvil. Por ejemplo, existen funcionalidades que, desde el punto de vista del trabajador, permiten descargar las liquidaciones de sueldo, solicitar vacaciones y firmar contratos de trabajo y otros documentos con firma electrónica, todo desde una misma aplicación. Y también herramientas para los ejecutivos ayudar en la gestión de los analistas de recursos humanos, como el manejo digital de la carpeta y ficha del empleado, integración de sistemas de control de asistencia para pago de horas extras o la carga de múltiples conceptos para el cálculo de remuneraciones. Y, al parecer, este es solo el comienzo.

En resumen, cuando una persona ve a un trabajador manipulando su teléfono móvil, puede pensar que está perdiendo el tiempo o suponer que está desempeñando su trabajo desde otra plataforma. Cada uno ve lo que quiere ver y todo depende con el color del cristal con que se mire.

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